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jueves, 27 de julio de 2017

FRAGUA DEL SILENCIO/Julio César Correa/Libro




ENTRE LA PAUSA Y LA PALABRA

Fragua del silencio, de Julio César Correa Díaz, es un libro fruto del entusiasmo por la poesía, la pasión, la madurez, el dominio del oficio y la búsqueda incansable del lenguaje propio. Todos los textos presentes manifiestan un poeta desde dentro, un autor que comprende interiormente los fundamentos de la poesía, un arte fascinante, su entendimiento, su manera de ser y estar en el mundo. Sazón, maestría, condensación, saber esencial, intuición que se torna reflexión profunda y sostenida y que evidencia el despliegue de una experiencia literaria y existencial. Correa Díaz fabrica su propio albergue poético de auténtica gestación. Allí la fragua, un fogón donde se alistan los materiales para la imaginación, el entramado y armazón de las palabras. En sus entrañas   los poemas se conciben y urden a temperaturas propicias, unión de talento y oficio, donde existe la reflexión trascendente, el asombro, la fuerza y la intensidad emocional.
Libro atravesado por el silencio como recogimiento, misterio encarnado entre las manos, al fondo de una voz que responde al exigente llamado de la memoria. Silencio que no es ausencia de palabra sino su presencia de otra forma, tensión expectante, principio y fin, calidez, secreto, habitación, gesto litúrgico, sensibilidad, reserva, un silencio que con Walcott lo es todo y que con Juarroz abre algo entre la pausa y la palabra.
Meditación intensa cuando ya se ha ingresado a la palabra, porque “el silencio es la chispa que propicia el fragor del poema”, es igual agua quieta, maduración, inmolación del fuego, ceniza, abrevadero, “sonoras aldabas” detrás del verbo, signo que pregunta, “la lengua de los seres anónimos”, las voces de la infancia, el presagio del poema, la casa que expresa así en su totalidad:

Un hombre sale de su silencio
como quien sale de su casa
aunque no es lo mismo salir del silencio
que salir de la casa.
Para salir del silencio
es necesario saber nombrar las cosas.
Salir de la palabra
es ingresar de nuevo en el silencio.
Uno sale de la casa
pensando siempre en volver.
Salir también es entrar.
Uno sale del silencio
para ingresar en la palabra.
La palabra es la casa del silencio.

Cuando el poeta de Fragua del silencio llega a su domicilio de la palabra, al embrujo de su espacio interior, ha regresado a la raíz y al útero y se resguarda del vacío, el vértigo exterior y el indolente tiempo, “el maestro que apacigua los ánimos”, flecha que ata a la palabra, “la verdad y sus aristas”. Emprende el conjuro y traduce su relación con el mundo por medio de un lenguaje vertido en breves poemas, armazón de líneas que se articulan en unos textos que provienen del insomnio, el delirio, el calor y los impulsos de la gran fragua del cuerpo.
Encontraremos al interior del libro la indisoluble compenetración de las cosas con el hombre, su tejido sensible, la historia interior de las cosas, su palpitación profunda y su riqueza. El poeta mantiene alrededor de esas cosas una auscultación íntima, un esfuerzo de simpatía, una revelación acontecida con admiración y gracia, unión de cuerpo y espíritu, porque el poeta es el productor de aquella verdad interior, y al unísono realiza su intimidad, la intimidad del silencio. Busca, explora “la serenidad en el fuego”; “la luz que quema mis ojos”; “el pájaro que huye entre la sombra”; el árbol, la música, el pan, la luz, el cirio, el agua, el paisaje, el rostro, el ojo, la ventana, la infancia, la flor y la semilla
Leamos al respecto el poema El otro lado de las cosas:

Alguien está del otro lado de las cosas
                                    Escucha caer la lluvia.
Como no hay ventana dibuja una claraboya
De repente un pájaro entra
El aleteo ahuyenta las hojas del árbol
que aún no existe.
¿No sucede acaso lo mismo con el mundo?
Las cosas existen porque se nombran
Pero el día ya existe antes de ser nombrado.
Deja entonces que el día se diluya.
Si el día se diluye es agua y es río.

La presencia del poeta nos interroga e invita a reorientar la mirada para ver el mundo de otra forma y así habitar los espacios intermedios, experiencia que vivencia lo presente, un dejar aparecer lo existente en su ser, en su plenitud, lejanía y verdad interior. Luego la percepción se traduce en discurso inteligible, en poemas, moradas del afecto y de la resistencia espiritual, la misma que expresa la no aceptación de la derrota, el sinsentido de la razón, el hombre que por dinero “renuncia al festín de la palabra” o los demás que mueren atragantados de palabras, y aturdimientos, postergaciones y amnesias. Todo para finalizar su lúcido atrevimiento poético con una lección de olvido, en cuyo adentro el poeta siempre luchará contra el tiempo y pide con vehemencia que el silencio escriba sus mejores páginas: “Cultiva el silencio/ y deja que la vida/ te compense/ si es que lo mereces/. Cultiva la prudencia/ y si alguien algún día/ te recuerda/ ojalá sea/ por el más sencillo verso/. Esa sería tu gloria”.
  
Gabriel Arturo Castro








RETORNO

La patria es el lenguaje
que recorrimos en la infancia
Uno vuelve a su lenguaje
como volver a su propia casa
Uno vuelve
al lugar del que partió

Inevitable el tiquete
que nos regresa a casa

La palabra amada canta
el camino de ida
y musita el camino de vuelta

Entre el niño que partió
y el viejo que retorna
juguetona
se interpone
la lejana cometa
el frondoso árbol



HERIDAS DE GUERRA

La mano que regresa del saludo
ya es ausencia

Uno está marchándose de sí mismo
en naves de silencio
Uno es astilla cuando se marcha
y velero cuando regresa

Uno es Ulises regresando a Ítaca
Uno es el desconocido que se reconoce
en las heridas de la guerra

No hay derrota
en las sales del naufragio
si vuelves a casa
después de un largo extravío


AGUA Y CENIZA

El silencio
esa otra forma del lenguaje
es también un diálogo
una manera de conversar
con uno mismo
y quizás con los demás

Callar es empezar a nombrar
el mundo
que recién emerge
como hoja seca
en la ventisca de la tarde

El silencio me nombra
y me concede un lugar en el mundo
La palabra me nombra
y desde entonces
soy el nombre y todo aquello
que se oculta y no es nombrado

Si la palabra es ceniza
con la que se nombra el mundo
el silencio es agua
el río donde el mundo
lava el rostro de todas las cosas


PRESENCIA

El poema es esa realidad
que surge
al unir
dos principios
la palabra y el silencio

El aleteo de un pájaro
se interpone
y desvirtúa la realidad primera

Si no hay pájaro no hay poema
Pero el poema no es el pájaro
Es aquello
que precede la figura del pájaro

Entre la palabra y el silencio
se abre un espacio
y surge una presencia
que poco a poco
va llenando de misterio el mundo

Llamarlo pájaro o árbol
es parte del misterio de ese mundo
Al nombrar el mundo
el misterio se diluye
pero el pájaro permanece

El silencio entonces es el misterio
detrás de la palabra
el pájaro detrás del poema


GEOMETRÍA DEL SILENCIO

Geometría el silencio
y el declive de la mañana
Las ocultas galaxias que el poniente
desliza sobre la noche
La circunferencia de la luna flotando
sobre agitados mares
El sigilo y sus caras imprecisas
El cubo del conocimiento
que Escher convierte en pájaro
La palabra atada a la flecha del tiempo
La verdad y sus aristas

En los límites de la lengua
otros mundos  
inaugura el silencio


LA CASA DEL SILENCIO

Un hombre sale de su silencio
como quien sale de su casa
Aunque no es lo mismo salir del silencio
que salir de la casa
Para salir del silencio
es necesario saber nombrar las cosas
Salir de la palabra
es ingresar de nuevo en el silencio
Uno sale de la casa
pensando siempre en volver
Salir también es entrar
Uno sale del silencio
para ingresar en la palabra
La palabra es la casa del silencio


EL ARCO

Todo concepto es un arco
que se tensa entre dos mundos
Quizás la realidad se deslice
sobre la forma del arco
Quizás la realidad surja
entre el momento
en que la flecha sale del arco
y mucho antes que dé en el blanco
Si la flecha da en el blanco
la realidad se desvanece

El blanco es el ojo que busca
las márgenes de la flecha

Entre la mano que agarra el arco
y la otra que tensa la cuerda
el silencio canta
su secreta armonía


VOCES

Eterno el cielo
que dibuja sobre los párpados
el vuelo del pájaro
Nada borra el paisaje
La memoria guarda el instante
para siempre
y evoca una tonada triste
un árbol de almendras
un patio lleno de hojas secas
y voces de niños
que de repente crecen
y se hacen hombres
Ebrio de nostalgia
miro la cometa
que trae
en su larga cola
un pedazo de cielo
Miro la calle
y entre un parpadeo y otro
alguien lanza una pelota
y quiebra el cielo
el silencio de la ventana

Nada es para siempre
salvo el silencio
que trae voces de la infancia


(A mis hermanos)